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Un lugar emocionantemente rojo. Así podría describirse un laboratorio blanco y negro, el que cuenta con luces rojas de seguridad que evitan que el papel fotosensible se vele durante la ampliación de las fotografías, el momento en el que se dará vida a la imagen latente.

Pero, en este mundo digital en el que vivimos, ¿en qué radica su importancia? La respuesta es, como lo describe Ros Postigo, Coordinadora de nuestra Carrera Corta de Fotografía: “Es en el laboratorio blanco y negro donde se comprende la escencia del proceso fotográfico y de la fotografía en sí. El laboratorio blanco y negro es un espacio de trabajo que requiere un conocimiento técnico de mucha precisión que abarca desde la obtención de fotografías en película y su revelado, hasta la ampliación de las fotografías en papel y el conocimiento de químicos, temperaturas y tiempos. Este conocimiento técnico, no solamente nos remonta a los inicios de la fotografía sino que también se convertirá en un recurso creativo que pasará a formar parte de las herramientas discursivas con las que cuenta el fotógrafo.”

Fue en un cuarto oscuro donde se revelaron las imágenes del legado que fotógrafos como Emilio Díaz, Carlos y Miguel Vargas, Max T. Vargas y Martín Chambi -solo por citar a algunos- nos dejaron y, que hoy, forman parte del valioso archivo fotográfico de nuestra ciudad. Los fotógrafos y los nuevos fotógrafos no solo deben conocer, sino también ayudar con la preservación y difusión de nuestro archivo y al enriquecimiento de éste a través de nuevas propuestas.

El proceso de revelado dentro del cuarto oscuro y su importancia, lo aprenden nuestros alumnos de la Carrera Corta de Fotografía en nuestro laboratorio. Toda una experiencia de aprendizaje y comprensión de la fotografía que sin duda debe ser parte de la formación de todo fotógrafo.