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Las personas andan por la calle sin mirar a su alrededor, sin contemplar los momentos de la vida, un paisaje, una mujer, una escena de un beso o la sonrisa de una niña. La fotografía es el arte de hacer magia y de detener el tiempo en una imagen, de captar las sensaciones más simples y más complejas con un poco de luz.

Religiosos sin paciencia, novias histéricas, el amor en el aire en una fotografía.

Por: Roy Cobarrubia V.
La paciencia, la capacidad para detener el tiempo es un arte de técnica y de instinto. Juan José Frisancho Salinas, cuenta en primera persona el reto de ser fotógrafo de bodas y su camino a un trabajo en donde el amor, la furia, el llanto, y el recuerdo son momentos inolvidables.
“Mi madre es profesora y mi padre médico, Teresa y Herón. Ambos dicen que lo que hago es solo apretar un botón y yo les digo que no es así, cuando recuerdo las noches en las que llego cansadísimo a casa o las veces que me quedo en un sillón de la sala dormido con mis equipos de fotografía, que ser fotógrafo es mucho más que apretar un botón. ¿Cómo llegué a ser fotógrafo?, por destino. De niño jugaba con las cámaras fotográficas. Buscaba el misterio dentro de ellas, me preguntaba cómo ese aparatito podía detener el tiempo. Recuerdo haber sido rezongado unas cinco veces, cinco veces en las que destruí, desarmé y nunca volví a arreglar o armar las cámaras fotográficas de la casa.

Estudié Veterinaria en la Universidad Católica de Santa María, y Publicidad, Marketing y Fotografía después, casi, cuando acababa la carrera. Mi enamorada de ese tiempo, estudiaba Publicidad. Yo era de esos jovencitos que esperan a su chica en la puerta de su escuela o clase una o dos horas. Recuerdo que miraba desde la ventana la cátedra, y me llamaba la atención lo que hacían. Luis Pareja, docente de fotografía me invitó una vez a pasar a la clase como alumno libre.
Fue, como te explico, esas cosas que no entiendes por qué pasan; luegoingresaba a todas las clases como alumno libre y terminé estudiando Publicidad. Cuando eres joven sientes a veces presión, un padre médico, una madre docente, un hermano que era ingeniero comercial, y yo veterinario con tendencias apasionadas a la fotografía. Hasta hoy, ellos no lo entienden, pero gano mucho más como fotógrafo que como veterinario.
¿Cómo llegué a ser fotógrafo de bodas?, estudié Diseño Gráfico en la escuela Thomas Jefferson, conocí a Miguel Barreda, realicé documentales con él, estudié Marketing, viajé a Lima y estudié en el Centro de la imagen. De regreso a Arequipa, realizaba fotos de productos, todo inmóvil, pero un día una prima me dijo que deseaba que le fotografíe su boda. El matrimonio número uno. Los matrimonios son un evento de momentos especiales, de cambios, de adioses, de bienvenidas. Recuerdo la expresión del tío Uberto, cuando Paola mi prima, vestida de blanco se alistaba para salir de su casa. “¿Y cómo es él?”, le dijo. Era la canción de José Luis Perales, ¿en qué lugar se enamoró de ella? ¿Por qué ha robado un trozo de mi vida?, es un ladrón que ha robado todo.
En una imagen, captar el momento en una toma. Después de muchos años he vuelto a ver la fotografía que tomé, mucho tiempo después de que el tío Uberto muriera, y su expresión se ha quedado para siempre en una foto, como un adiós con alegría, como cuando un padre se despide de su niña más querida con un último beso. Fue la primera vez que realicé fotos para una boda y aprendí algo, que este tipo de trabajo es un reto, porque tienes que captar sentimientos, emociones, momentos; te lo juegas todo, técnica y cariño. Después he trabajado en un sinfín de bodas en donde “mataperreaba”, es decir, que fotografiaba por un precio ínfimo, en Pizarro te pagan lo que sea, luego creé mi propia agencia de publicidad.
Hasta hoy, he participado en 300 bodas. En todas he aprendido algo, a ser precavido, a tener pensado que hacer, a lidiar con novios de todo tipo, a tratar de entender a los renegones, a los novios especiales y a los muy especiales religiosos. He lidiado con novios locos, histéricos, lindos, bipolares, de carácter odioso. Me he acostumbrado a que los padres de las iglesias digan: “No te muevas de allí”, “retírate, vete a la plaza a hacer tu negocio”, “no puedes usar flash”, “no te muevas, te estoy viendo”. Generalmente es en Sachaca y en Santa Marta.
Ser un fotógrafo de bodas consiste en ser un fantasma, que los novios sepan que estás allí, pero que no se sientan abatidos y estresados por tu culpa. Ser fotógrafo de bodas es tener el temple para seguir con todas las escenas del casamiento. Y con temple, me refiero a todo aquello que observas, los novios llorones, los que sollozan en la iglesia, en la fiesta; los novios mala suerte pues a la novia se le quebró el taco y cojea, a las novias que se les rompió el vestido, a los novios que se les rompió la costura del pantalón; a los novios alegres, la novia que nunca paró de reír en la ceremonia religiosa por nervios, por emoción; los novios renegones que se levantaron con un pie izquierdo y que ese día, el día de su boda, les desagrada todo, el vestido no era el que deseaba la novia, el arreglo de flores era otro, la novia no quiere entrar a la iglesia porque le parece fea, al novio la comida le parece inadecuada, en fin, tienes que tener mucho temple y estar preparado para caer, al agua, de espaldas, a la tierra, resbalar en la pista de baile y aprender a caer sin que la cámara se dañe.
Sí, he sumado 300 bodas, y recuerdo a cada una de las parejas, a cada uno de ellos, su carácter, su alegría, su congoja, el estrés que vivieron o lo relajados que estuvieron el día que se casaron. En casa, guardo aún miles, si es que ya es más de un millón, de discos y procesadores en donde guardo esos momentos, que con el tiempo también se han vuelto míos.
Hoy, el fotógrafo de bodas y gerente de JFS Fotografía, ya suma 15 años de experiencia. En su casa tiene más de 20 cámaras fotográficas, que hasta ahora no ha intentado desarmar, acude a cada boda con cuatro cámaras de uso, cuatro de repuesto, a su personal le ha enseñado a ser sigiloso en los matrimonios, ha tomado millones de fotos de casamientos y hasta hoy, como suele pasar en algunos trabajos, él no se ha casado. El día que lo haga, ha dicho, seguramente contratará a un fotógrafo de fuera de Arequipa porque sus invitados serán todos fotógrafos, el día que se case, cuenta, será una boda única y con la mujer indicada, el día que se case, sentirá lo que los novios viven al ver y recordar los momentos en una fotografía.